Vivir en la Ciudad de México ofrece oportunidades, cultura, entretenimiento y una energía difícil de encontrar en otros lugares. Pero también implica aprender a convivir con ciertas precauciones que, con el tiempo, pueden convertirse en una parte casi automática de la vida.
Guardar el celular antes de salir a la calle. Revisar quién viene detrás. Evitar determinadas rutas por la noche. Pedir un automóvil por aplicación aunque el trayecto sea corto. No dejar que los niños jueguen solos afuera. Avisar al llegar.
Son decisiones pequeñas, pero acumuladas terminan modificando nuestra manera de movernos, gastar, cuidar a nuestros hijos y disfrutar la ciudad.
Para algunas familias, la pregunta ya no es solamente si han sufrido personalmente un delito, sino cuánto espacio ocupa la inseguridad en sus decisiones cotidianas. Y es ahí donde Querétaro comienza a aparecer como una alternativa para vivir con mayor tranquilidad.
Cuando la inseguridad se normaliza en la rutina
Una de las consecuencias menos visibles de vivir durante mucho tiempo con una sensación de inseguridad es que dejamos de reconocer todas las decisiones que tomamos alrededor de ella.
Elegimos a qué hora salir, dónde estacionarnos, qué objetos llevar, qué calles evitar y hasta qué ropa o accesorios usar. Antes de caminar unas cuantas cuadras pensamos si la zona es segura, si todavía hay gente o si será mejor pedir un transporte.
No siempre vivimos con miedo permanente. Más bien desarrollamos una especie de sistema de prevención que funciona silenciosamente:
- No sacar el celular en la calle.
- Cambiar de banqueta si algo genera desconfianza.
- Evitar ciertos cruces, estaciones o rutas.
- Compartir la ubicación en tiempo real.
- No utilizar joyas o llevar demasiado efectivo.
- Buscar estacionamientos, aunque sean costosos.
- Elegir restaurantes, escuelas o actividades considerando primero cómo llegar y regresar.
Estas conductas pueden parecer normales porque muchas personas las comparten. Sin embargo, también representan una pérdida gradual de libertad: dejamos de hacer cosas no porque no queramos, sino porque sentimos que no es prudente hacerlas.
Una preocupación especialmente presente para mujeres y familias con hijos
La experiencia de la inseguridad no es igual para todas las personas.
En junio de 2026, el 65.6% de las mujeres que vivían en las ciudades incluidas en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana consideró inseguro vivir en su ciudad. Entre los hombres, la proporción fue de 52.6%. La diferencia ayuda a entender por qué las mujeres suelen modificar con mayor frecuencia sus horarios, traslados y actividades. INEGI, ENSU junio de 2026
La preocupación no se limita al robo. También incluye el acoso, la violencia sexual y la vulnerabilidad que puede sentirse al caminar, utilizar el transporte público o esperar sola en la calle. Durante el primer semestre de 2026, el 16.2% de las personas adultas de las áreas urbanas estudiadas reportó haber vivido al menos una situación de acoso o violencia sexual en lugares públicos; la incidencia fue considerablemente mayor entre las mujeres.
Cuando hay hijos, la sensación de alerta se extiende a toda la familia.
¿Pueden jugar afuera? ¿Podrán caminar solos a la tienda cuando crezcan? ¿Es seguro que un adolescente regrese de una actividad por su cuenta? ¿Quién puede recogerlos si hay una emergencia? ¿Qué ruta debe seguir el transporte escolar?
De acuerdo con la misma encuesta, el 38.2% de la población urbana dejó de permitir que los menores de su hogar salieran solos por temor a sufrir algún delito. Además, el 35.9% dejó de caminar de noche en los alrededores de su vivienda.
La inseguridad, entonces, no solamente cambia lo que hacen los adultos. También puede reducir la autonomía, el espacio de exploración y la libertad cotidiana de los niños.
El costo invisible de sentirse inseguro
La inseguridad también tiene un costo económico que pocas veces aparece completo dentro del presupuesto familiar.
Está en los viajes por aplicación que sustituyen trayectos que podrían hacerse caminando o en transporte público. En las pensiones y estacionamientos elegidos para no dejar el automóvil en la calle. En los sistemas de alarma, cámaras, seguros, cerraduras y cuotas de vigilancia.
También está en decisiones más grandes: pagar una renta o comprar una vivienda más cara para permanecer en una zona percibida como segura, elegir una escuela por la facilidad de sus accesos o descartar un empleo porque el trayecto de regreso resulta complicado.
A eso se suma un costo difícil de medir: el tiempo.
Cambiar de ruta, esperar a que llegue el transporte, acompañar a los hijos en todos sus traslados o evitar ciertos horarios consume minutos y horas que podrían dedicarse al descanso, la convivencia o las actividades personales.
No todos estos gastos desaparecen al mudarse a otra ciudad. En Querétaro también hay familias que utilizan automóvil, pagan mantenimiento o viven en desarrollos con vigilancia. La diferencia que algunas personas perciben es que esas decisiones pueden responder más a la comodidad de su estilo de vida y menos a la necesidad permanente de protegerse.
¿Qué muestran las cifras actuales?
Las estadísticas ayudan a dimensionar el problema, pero deben interpretarse con cuidado. La percepción de inseguridad no equivale exactamente al número de delitos registrados: indica qué tan segura o insegura se siente la población en el lugar donde vive.
En junio de 2026, el 59.8% de la población adulta de las ciudades estudiadas por el INEGI consideró inseguro vivir en su ciudad.
Dentro de la CDMX, los resultados fueron muy distintos entre alcaldías. La percepción de inseguridad fue de 17.4% en Benito Juárez y de 39.3% en Miguel Hidalgo, mientras que alcanzó 69% en Gustavo A. Madero, 69.6% en Xochimilco y 73.3% en Iztapalapa.
En la ciudad de Querétaro, el resultado fue de 36.1%. Un año antes había sido de 46.2%, por lo que la disminución registrada entre junio de 2025 y junio de 2026 fue estadísticamente significativa. INEGI, ENSU junio de 2026
Las cifras no permiten afirmar que cualquier lugar de Querétaro sea más seguro que cualquier lugar de CDMX. De hecho, una familia que vive en Benito Juárez puede tener una percepción muy distinta a la de otra que vive en Iztapalapa o Gustavo A. Madero.
Lo que sí muestran es que Querétaro presenta, en términos generales, una percepción de inseguridad menor que la registrada en buena parte de las alcaldías capitalinas.
¿Por qué algunas familias perciben una vida más tranquila en Querétaro?
La tranquilidad no depende únicamente de las estadísticas. También se construye a partir de la experiencia diaria.
Para algunas familias que llegan de CDMX, Querétaro ofrece entornos residenciales de menor densidad, parques cercanos, calles interiores con menos tránsito y comunidades donde resulta más fácil reconocer a vecinos, personal de vigilancia o familias de la misma escuela.
Las distancias y el uso frecuente del automóvil pueden seguir siendo un reto, especialmente durante las horas pico. Sin embargo, cuando la vivienda, la escuela, el supermercado y las actividades cotidianas se encuentran dentro de un mismo corredor, la rutina puede sentirse más controlable.
Esa percepción de tranquilidad puede manifestarse en momentos muy sencillos:
- Salir a caminar dentro del desarrollo.
- Llevar a los niños al parque.
- Encontrarse con otras familias en espacios comunes.
- Regresar a casa sin atravesar múltiples zonas.
- Tener escuelas y servicios relativamente cerca.
- Sentir que los accesos al entorno residencial están más controlados.
No significa vivir sin precauciones. Significa, para algunas personas, dejar de pensar en el riesgo durante cada movimiento.
La seguridad en Zibatá, Zakia, El Refugio, Juriquilla, Milenio y Centro Sur
Zibatá, Zakia, El Refugio, Juriquilla, Milenio y Centro Sur se encuentran entre las zonas más consideradas por las familias que llegan desde CDMX. Sin embargo, no ofrecen exactamente el mismo tipo de entorno.
Zibatá y Zakia se distinguen por su planeación residencial, parques, condominios y privadas con controles de acceso. Su diseño puede favorecer una vida cotidiana más concentrada dentro de la zona, aunque el crecimiento urbano y las vialidades de entrada y salida deben tomarse en cuenta.
El Refugio combina privadas, comercios, escuelas y servicios próximos. Su actividad es mayor y no todas sus calles tienen las mismas características, por lo que la experiencia puede variar incluso dentro del propio sector.
Juriquilla tiene una oferta consolidada de vivienda, educación, comercios y entretenimiento. Incluye fraccionamientos cerrados y zonas abiertas, de modo que no puede evaluarse como si fuera una sola colonia uniforme.
Milenio ofrece una ubicación más céntrica y urbana. Su cercanía con distintos servicios y puntos de la ciudad resulta conveniente, pero también implica mayor circulación en algunas avenidas y una dinámica diferente a la de los desarrollos ubicados en la periferia.
Centro Sur combina vivienda, oficinas y accesos importantes. Puede ser muy práctico para quienes trabajan en el sur de la ciudad o viajan con frecuencia hacia CDMX, aunque la seguridad y tranquilidad cambian según el condominio, la calle y los trayectos cotidianos.
En todas estas zonas existen desarrollos que cuentan con casetas, cámaras, vigilancia y controles de acceso. Pero tener una pluma en la entrada no garantiza por sí mismo que no ocurran robos u otros incidentes. La experiencia depende de la administración, el mantenimiento de los sistemas, el cumplimiento de los protocolos y la participación de la comunidad.
Una comparación responsable: Querétaro no está libre de delitos
Mudarse a Querétaro no significa dejar atrás todos los riesgos.
En la ciudad también se registran robos, fraudes, extorsiones, delitos patrimoniales e incidentes relacionados con vehículos o viviendas. Su crecimiento acelerado ha generado nuevos desafíos de movilidad, servicios y seguridad.
Además, comparar únicamente ciudades puede llevar a conclusiones equivocadas. La colonia, la calle e incluso el condominio pueden influir tanto como el municipio. Una zona bien iluminada, activa y organizada puede ofrecer una experiencia muy distinta a otra con terrenos desocupados, accesos poco vigilados o escasa circulación por la noche.
Por eso, la comparación más honesta no es “CDMX es insegura y Querétaro es seguro”. La pregunta correcta es:
¿Cómo cambiarían las rutinas, los trayectos y la sensación de libertad de tu familia entre la zona donde vive actualmente y la zona específica de Querétaro que está considerando?
Para muchas familias, la respuesta representa una mejora importante. No porque Querétaro sea una ciudad libre de delitos, sino porque encuentran una rutina en la que la inseguridad ocupa menos espacio mental.
Y quizá ése sea el cambio más valioso: no dejar de ser cuidadosos, sino recuperar parte de la libertad que habíamos comenzado a considerar perdida.

